domingo, 26 de agosto de 2012

Las Almas Gemelas: ¿Cómo Se Atraen?

Es inevitable que exista una atracción magnética entre dos almas que son afines, y aunque se dice que no siempre se encuentra al ser ideal; este maravilloso fenómeno se vive -por lo menos- una vez en la vida de una persona.
De hecho, el encuentro suele suceder mucho antes de que ocurra el descubrimiento concreto de esa otra persona. Es común que hayamos vivido la experiencia sin saberlo, porque la afinidad suele ser tan sutil que nuestro ego puede no reconocer la presencia de esa otra parte de nuestro ser.

Niveles de unión de las almas. Cada ser humano experimenta este maravilloso hecho en diferentes planos de energía:

1. El primer nivel de unión es el espiritual: Este plano se alcanza cuando las almas gemelas están internamente preparadas para unirse. Las dos partes sienten una gran plenitud y, si la unión es espiritual, es posible que nunca más vuelvan a separarse.

2. El segundo plano es el intelectual: Las almas compatibilizan en el nivel del pensamiento, tienen puntos en comunes y proyectos que pueden compartir.

3. El tercer nivel es el emocional: Desde el primer encuentro existe una intensa afinidad y la sensación de conocerse desde hace tiempo. En este estadio, las almas gemelas se enamoran con mayor facilidad. Comparten una gran entrega y equilibrio.

4. El cuarto nivel es el físico o erótico: La pareja de almas gemelas se entrega físicamente con una pasión sin límites: durante el acto sexual, los abrazos y los besos son intensos e interminables porque en el contacto físico con su par sentirán que finalmente han encontrado el hogar verdadero.

En el plano erótico, las almas gemelas descubren desde el primer momento que su 
partenaire conoce su cuerpo a la perfección. Se acariciarán y besarán como si fueran un solo cuerpo y sus encuentros eróticos pueden llegar a estar más allá del tiempo y el espacio, porque ambos perciben, al mismo tiempo, que se trasportan a otra dimensión.
La sensación de libertad y de vuelo mientras hacen el amor es sublime, sienten que pueden tocar el cielo con las manos. Sin este último nivel físico, las almas gemelas no pueden reconocerse verdaderamente como pareja.
Porque los otros planos están relacionados con el amor incondicional, que puede manifestarse en amistad duradera, o como un afecto especial entre dos personas, sin llegar a formarse una relación de pareja que puede ser estable o no.
Eso dependerá de la personalidad, del desarrollo espiritual o del conocimiento mutuo y personal de cada una de las partes.

Reina de Hielo

Erase una vez, allá donde las cosas pierden su nombre y su sentido, allá donde las formas se vuelven difusas, en un lugar sin tiempo poblado por las espesas brumas de una confusión perpetua, brillaba, cual cristal al sol poniente, el Castillo Helado. Sus altas torres se alzaban como resplandecientes carámbanos a través de la niebla gris mientras el sol les arrancaba irisados destellos. Sin embargo, alrededor del Castillo, unas altas murallas de oscura y fría roca se erguían protegiéndolas del exterior, cubriéndolas con su negra sombra... a todas menos a una. Desde la más alta de las torres contemplaba la Reina de Hielo su pequeño y congelado reino. Poseía una fortaleza infranqueable que ella misma había construido pero, no obstante, el interior del castillo languidecía lentamente... ya solo contaba con pasillos vacíos, habitaciones inhóspitas e inertes salones. Era un lugar triste y desolado, era un lugar hueco que muy pocos seguían habitando.

Con todo, la Reina de Hielo guardaba un secreto en su Castillo Helado. En la más helada y tenebrosa de sus profundidades había una habitación perdida donde una hoguera de rugientes llamas aun resistía, manteniendo el hielo alejado. Era allí donde la Reina de Hielo quemaba su dolor y su soledad, donde quemaba sus recuerdos y anhelos... No era fácil reinar en el Castillo de Hielo. Había ocasiones en las que algún ingenuo inconsciente decidía atacar las murallas. La mayoría de ellos se cansaba al poco tiempo, abandonaban su empeño y se adentraban de nuevo en la bruma, en busca de un asedio más sencillo. No obstante, unos pocos pertinaces, lograban abrir brecha en el sólido muro. No hacía falta mucho más que eso, ya que por aquella fina grieta se colaban las nieblas de la confusión y las dudas se filtraban hasta llegar a la Reina de Hielo. Aquel era el momento de atacar, el único en el que la aturdida Reina del Hielo permitía la entrada al castillo, confusa en su alta y nívea torre. Sin embargo, los que entraban no siempre se quedaban... tanto esfuerzo y persistencia para encontrar tan solo un castillo frío y hueco desalentaba a casi todos. Por tanto, aunque la entrada debía permitirla la Reina de Hielo, la salida era otra cuestión. Cada cierto tiempo alguien decidía abandonar el Castillo Helado y la Reina de Hielo observaba impasible su partida desde su alta torre. Sus labios maldecían su nombre y su mente la convencía de que aquella persona era prescindible, de que el reino marcharía mejor sin ella... pero su corazón ardía cual volcán, al igual que la hoguera del interior del castillo. La Reina de Hielo ansiaba llorar, pero sus lágrimas estaban congeladas; la Reina de Hielo ansiaba gritar, pero su aliento se helaba en sus pulmones... así que la Reina de Hielo endurecía el rostro al verle marchar y alzaba un poco más sus heladas murallas. Mientras, en el interior del castillo la hoguera llameaba furiosa, amenazando con consumirlo todo. La Reina de Hielo tenía la piel fría pero el corazón en llamas... todo aquel que atravesaba las murallas para adentrarse en el Castillo Helado corría el riesgo de quemarse, de ser consumido por el fuego... o de congelarse en sus muertas estancias. Y así es como la Reina de Hielo se consume, contemplando sus helados dominios, allí, en su Castillo Helado, en la inexpugnable cárcel en la que ella misma se encerró.

martes, 27 de marzo de 2012

Bueno...

Solemos esperar que en el mejor de los casos el amor dure mucho tiempo. A veces nos ponemos intrépidos y esperamos que dure para siempre. También existe la posibilidad de la hipérbole: Te amaré después de que muera. Como sea, el amor está siempre lleno de cosas que uno no esperaba o que simplemente no tenía planeadas. En mi caso es una pena, porque presumo de tener la capacidad de calcular la mayor cantidad de posibilidades para tener cubierta cualquier eventualidad. Mentira. Una nunca puede preverlo todo, planear todo, controlar todo. Y sin embargo, frente a esta gran incertidumbre que es perderse por alguien, en alguien y con alguien, lo único que una puede hacer es bajar las manos y ponerse blanda.

¿O qué? ¿Me va a dar miedo? Si ya ni miedo puedo sentir por el embotamiento de los sentidos y el absoluto deseo de perderme por él, en él y con él.